domingo, 17 de marzo de 2013

Densitometrías y Tratamientos Inútiles

Siempre estamos asistiendo a la eterna perorata del "más vale prevenir", "una prueba a tiempo puede evitar posteriores problemas", "hay que ejercer la Medicina Preventiva" (que es cierto, pero no como la quiere entender el Sistema Estatal), etc, etc...

Con esos argumentos logran conseguir que la población se someta a las más variopintas pruebas clínicas, siempre y cuando estén de moda o necesiten que algún recién llegado de la Facultad de Medicina necesite "hacer manos" (o sea, practicar).

El mayor y mejor objetivo para estos temas es la población femenina y, en concreto, aquella que se encuentra en los alrededores menopáusicos. Se les convence de un montón de atrocidades irremediables, o casi, pues con la batería de pruebas que les tienen preparadas, la salvación se halla a un tiro de piedra. Por ejemplo: la osteoporosis, "coco" con el que se lleva por el camino programado a multitud de pacientes, esto es, el de las consabidas densitometrías.

Recientemente hemos tenido acceso a un estudio que demuestra que sólo el 0,7% de las mujeres entre 50 y 65 años tiene un riesgo de fractura cadera superior al 3% en 10 años. Este punto de corte es el que se utiliza en las guías clínicas de algunos países para indicar el tratamiento. Sin embargo, el 22% de las mujeres de este tramo de edad recibían tratamiento antirresortivo y un 27,4% habían recibido una densitometría en los últimos 24 meses (“Prevalence of osteoporotic fracture risk factors and antiosteoporotic treatments in the Valencia region, Spain. The baseline characteristics of the ESOSVAL cohort”, publicado en revista Osteoporosis International, grupo de investigación en el CSISP)

Curioso, cuando menos. Si estos son los datos objetivos y el número de afectadas no es el que se nos ha contado siempre... ¿acaso son tan necesarias, entonces, estas pruebas?

Según un artículo publicado en la prestigiosa Annals of Internal Medicine, la densitometría en mujeres de menos de 65 años es una de las pruebas que se describen como de escaso valor clínico. ¿Entonces por qué se realiza? 

Quizá una pista nos la dé el informe “Extent and causes of international variations in drug usage: a report for the Secretary of State for Health by Professor Sir Mike Richards”, publicado en Julio de 2010, en el que se descubre que España tiene el segundo puesto a nivel mundial en consumo de fármacos en general... y el primero (aventajando a los EE.UU., que ya es decir) en el de consumo de antiosteoporóticos. Premio.

Aunque no hay un estudio y, por tanto, tampoco cifras oficiales -por razones obvias- sobre el despilfarro interesado en densitometrías innecesarias, sí que sabemos que el gasto en antirresortivos se acerca ya a los 500 millones de euros por año, de los cuales la mitad se pierde en pacientes que no se hallan en riesgo, claro está, hasta que comienzan a hacer acto de presencia los efectos secundarios: necrosis en la mandíbula y fracturas en los denominados "huesos largos" (investigación llevada a cabo en colaboración con grupos de la Universidad de Cantabria y del Hospital Marqués de Valdecilla (Santander), de la Fundación Jiménez Díaz (Madrid), el Hospital San Cecilio (Granada), la Universidad de Sevilla, el Hospital Río Hortega (Valladolid), y los hospitales madrileños La Paz y 12 de Octubre, cuyos resultados permiten concluir que el deterioro estructural grave de huesos como el fémur incrementa las posibilidades de fracturas futuras en el caso de recibir terapia antirresortiva)

Ustedes mismas deberían ser quienes, con toda la información en sus manos, pudieran decidir si someterse a la baterías de pruebas que sus ginecólogos -y similares- les tienen preparadas y que, visto lo visto, pueden llevarles hasta una medicación que, lejos siquiera de apaciguar el síntoma, puede provocarles daños irreparables -de los que nadie se responsabilizará después porque... "estas cosas pasan".


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