sábado, 12 de enero de 2013

El Veneno Silencioso: los verdaderos efectos del Azúcar

Absolutamente todos los sistemas corporales se ven afectados por la ingesta de azúcar que, en su forma refinada "blanquilla", ataca al cerebro, sistema endocrino, cardiovascular, inmunológico, e incluso a la piel, pues contribuye a la aparición de eccema.

También provoca retención de líquidos, formación de piedras en los riñones, problemas de hígado y, como culminación de todas estas "bondades", destroza el páncreas pues, como consecuencia del sobreesfuerzo a que es sometido para fabricar más y más insulina -con la que contrarrestar los elevados niveles de glucosa en sangre-, el desgaste que sufre es devastador. Y aún no hemos comentado nada de los efectos de este "veneno blanco" sobre la dentadura...

Pero sinteticemos el tema en 3 categorías:

1  - El Azúcar daña el Sistema Inmunológico

Fíjense cómo después de una fiesta de cumpleaños -o de una tarde al uso-, donde se consumen grandes cantidades de azúcar en forma de caramelos, helados o tarta, los niños suelen sentir malestar -al que se le suele llamar "empacho"-. Bien, lo que sucede es que el azúcar, transcurridas algunas horas desde su ingesta, suprime la respuesta inmunitaria, lo cual redunda en un daño terrible sobre, no solamente el propio sistema inmunológico, sino también sobre el resto de sistemas, órganos y vísceras.

¿Y cómo se produce este efecto? De dos maneras, a saber:

En primer lugar: sencillamente porque el azúcar impide que las células inmunes realicen su trabajo, al suprimir una función fundamental llamada fagocitosis. Los fagocitos son células que atrapan y engullen materias ajenas al organismo, tales como bacterias y patógenos, y que son "desactivadas" por efecto del azúcar -que llega a su punto álgido destructivo transcurridas 2 horas desde su ingesta (estudio de The American Society for Clinical Nutrition, Inc.1)

En segundo lugar: la insulina transporta transporta el azúcar hacia o desde las células, del mismo modo que lo hace con la Vitamina C. El problema aparece cuando existe un elevado nivel de azúcar del que hacerse cargo, momento en el cual el transporte de Vitamina C pasa a un segundo plano y, por tanto, no llega a las células (principalmente a los fagocitos a que hacíamos mención).

2 - El Azúcar destruye el Cerebro

Como suena, por duro que pueda parecer, pues este veneno contribuye a la aparición del Alzheimer, uno de los ejemplos más devastadores de enfermedad degenerativa en nuestra sociedad. Esto sucede porque el azúcar provoca la formación de los llamados "PGA" "productos de la glicación avanzada" (en inglés AGE por advanced glycation end products), que no son sino el resultado de la asociación de proteínas con moléculas de azúcar. Resulta obvio reseñar, primero, que cuanto mayor sea la cantidad de azúcar, mayor será la posibilidad de que las proteínas sucumban a este efecto y, segundo, que dada la prevalencia de las proteínas por todo el organismo, la glicación puede producirse en cualquier lugar del mismo.

Los PGA dañan los huesos y el cerebro.

Los PGA debilitan, cuando no destruyen, el colágeno -que es la sustancia que protege, flexibiliza y endurece huesos, tendones y ligamentos-. Pero el peor efecto de los PGA es, sin duda, promover a través de su acumulación la aparición del Alzheimer (de hecho, en autopsias de enfermos de este mal se ha detectado una enorme presencia de PGA, más que en tejidos cerebrales pertenecientes a fallecidos por cualquier otra razón o patología.

3 - El Azúcar desmineraliza los huesos

Efectivamente, arrastra elementos clave como el calcio, magnesio y cobre.

Debido a la enorme acidificación que provoca, acaba con el calcio y hace que lo excretemos a través de la orina, sin importar que seamos o no propensos a la formación de depósitos/piedras en los riñones, lo cual significa que todos estaremos expuestos a esa posibilidad.

La cosa no mejora con respecto al magnesio, fundamental para el mantenimiento y fijación, por ejemplo, del propio calcio: "los diuréticos osmóticos como el manitol -presente en chicles, caramelos y similares- y la glucosa provocan un aumento en la eliminación del magnesio" (estudio publicado en The Clinical Biochemist Reviews)

Pero cuando llegamos al cobre el panorama también es desolador. Este mineral mantiene dos aspectos fundamentales en nuestro organismo: construye hueso cuando se asocia a una enzima que desarrolla tejido óseo, y funciona como antioxidante cuando se asocia con la superoxido-dismutasa, previniendo los daños que puedan causar los radicales libres en nuestro cuerpo. Pues bien, el azúcar impide la absorción del cobre, efecto que se agudiza hasta extremos increíbles si le sumamos grasas -y muchos azúcares las contienen-.

Visto todo esto, la pregunta que surge es "¿por qué se permite la venta y consumo de este veneno?", a la que contestaremos con una sola palabra: "negocio".

El azúcar es un tremendo adictivo acomodado en nuestra sociedad, presente en todos los niveles de la programación alimentaria. Los propios padres fomentan en sus hijos la ingesta de sacarosa en cantidades brutales a través de "chuches" (una basura repleta, además de sacarosa, de todo tipo de aditivos, colorantes, emulgentes, saborizantes, conservantes y gelificantes), bollería industrial, pasta varias veces por semana, colas, cereales para desayuno (cargados también de azúcar y colorantes). De este modo lo que se consigue es que sus pequeños organismos (y también los de los adultos) desarrollen la necesidad de continuar consumiendo más y más azúcar, haciéndose dependientes de esta droga, destructiva, legal y barata.

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