miércoles, 30 de enero de 2013

El Destino Industrial de los Fetos Humanos

Les ofrecemos el siguiente vídeo, sin desperdicio alguno, que viene a encender aún más la polémica suscitada desde hace ya bastante tiempo. Algunos venimos denunciando toda esta práctica, ganando críticas y malas caras, con objeto de difundir la necesidad de protegerse frente a hechos -no "teorías"- que nos agreden como Seres Humanos que somos.

Cabe preguntarse si detrás de todo esto no se hallaran monstruosos intereses económicos -o de algún otro tipo aún más preocupantes-, o sí esta será una de las razones por las que se empuja de un modo tan enorme a las mujeres a que aborten a mansalva...

Que cada cual extraiga sus conclusiones...




domingo, 27 de enero de 2013

Sobre el Acido Urico




El ácido úrico es un producto de desecho del metabolismo del nitrógeno en el cuerpo humano (deriva de la degradación de las purinas, sustancias químicas que forman parte de las células y de muchos alimentos), compuesto por carbono, nitrógeno, oxígeno e hidrógeno, si bien su componente principal es la urea, que se encuentra en la orina en pequeñas cantidades.

Los humanos -y nuestros parientes lejanos, los monos- carecemos de una enzima que degrada el ácido úrico, la uricasa, circunstancia por la cual lo acumulamos.

Normalmente, los riñones son capaces de eliminar ese exceso, pero en ocasiones no lo logran y se acumula en algunas articulaciones, especialmente en las del dedo gordo del pie, como finos cristales y de allí el gran dolor e inflamación que provoca la gota. Alrededor del 90% de los pacientes que sufren este problema son hombres, incidiendo en una franja de edad de entre 40 a 45 años.

El problema es que la saturación de ácido úrico en la sangre humana puede dar lugar a  la formación de cálculos renales (litiasis) cuando el ácido cristaliza en el riñón. Pero, por otra parte, el aumento de los niveles de ácido úrico en la sangre no tiene por qué ser necesariamente consecuencia de la presencia de gota, sino que también puede ser simplemente la existencia de una hiperuricemia, que bien puede presentar algunos de los síntomas anteriores o bien puede ser asintomática. Sin embargo cuanto mayor es el aumento de ácido úrico en sangre mayores son las posibilidades de padecer afecciones renales, artríticas, etc.
En la sangre, la concentración de ácido úrico comprendida entre 2,5 a 6 para la mujer y hasta 7,2 para el hombre mg/dl es considerada normal por la Asociación Médica Americana, aunque se pueden encontrar niveles más bajos en los vegetarianos. En España estos niveles son ligeramente diferentes, siendo de 2 a 4 mg/100 ml en mujeres y en hombres hasta 6.8 mg/100 ml.

La Alimentación

Existen diversos factores que pueden desembocar en la aparición de gota: dietas muy restrictivas, ingesta de alcohol excesiva, cirugías, diabetes, stress, lesiones en articulaciones, obesidad... La falta de Vitamina A provoca gota y la deficiencia de las vitaminas B5 y E hace que se forme y libere más ácido úrico, lo cual indica claramente lo interesante, por tanto, que sería mantener un buen equilibrio en este sentido. Incluso los tratamientos de quimioterapia, al provocar las destrucción celular, pueden hacer que se liberen grandes cantidades de ácido úrico. También aquellas personas que sufren de candidiásis o que han seguido largos tratamientos con antibióticos son proclives a presentar grandes cantidades de este ácido en sangre.

Pero el principal desencadenante suele ser la alimentación, de tal modo que es necesario saber cuáles son los alimentos que contienen mayores cantidades de purinas para dejarlos de lado o reducir al mínimo su consumo, dado que son los que aumentan el ácido úrico.

Las personas que poseen susceptibilidad a la gota deben ingerir abundante líquido (2 a 3 litros al día) para diluir el ácido úrico en la sangre, recordando de paso que la ingesta de  alcohol interfiere en la eliminación renal del ácido úrico y que la tan socorrida cerveza a su vez es muy rica en purinas.

Así mismo deberá restringir la ingesta de alimentos fritos o que hayan sido cocinados con aceite recalentado, pues las gasas rancias destruyen la vitamina E y ello redunda en la liberación de importantes cantidades de ácido úrico.

De modo que si alguien padece de gota o tiene niveles elevados de ácido úrico, puede comer tomates, pero cuidado con los alimentos ricos en purinas (50mg/100g) y que se presentan en la siguiente tabla, recordando siempre que estamos tratando el problema de hiperuricemia y/o gota.


Purinas en los Alimentos

Muy Alto (150 a 850 mg/100 g) / Totalmente Prohibidos

  • Anchoas
  • Embutidos
  • Salchichas
  • Vísceras
  • Riñones
  • Sesos
  • Hígados
  • Salsas (mayoría)
  • Sardinas
  • Arenques
  • Caballa
  • Extractos de carnes
  • Mollejas

Alto (50 a 150 mg/100 g) / Poco o nada Recomendables

  • Espárragos
  • Pan y Cereales de fibras
  • Coliflor
  • Pescados
  • Legumbres
  • Carnes vacuno, cerdo, cordero
  • Champiñones
  • Avena
  • Germen de trigo
  • Aves pollo, pato, pavo
  • Mariscos
  • Espinacas

Si se suplementa con aminoácidos, habrá que evitar la Glicina, pues se transforma con más rapidez en ácido úrico en pacientes que ya sufren de gota, del mismo modo que tampoco será recomendable la toma de Niacina en dosis altas (>50mg/día).

Un remedio tópico sobre las zonas inflamadas es el Dimetilsulfóxido (DMSO), disponible en tiendas de nutrición y herbolarios especializados.

El Zinc, Potasio, Magnesio, Calcio, Glucosamina, Sulfato de Condroitina o MSM (Metil Sulfonil Metano) pueden ayudar notablemente a minimizar y combatir el problema de gota. Las antocianidinas y proantocianidinas, presentes en los llamados frutos del bosque (arándanos, bayas silvestres, fresas, moras, grosellas), y el extracto de semilla de uva, son potentes antioxidantes y, por tanto, grandes aliados.


¿Y la historia del café?

Resulta especialmente interesante un estudio de más de 12 años de duración, cuyos resultados han sido recientemente publicados, y que analiza la relación de la gota con el consumo de café, té, y otras bebidas ("Coffee consumption and risk of incident gout in men: A prospective study", revista Arthritis & Rheumatism, Hyon K. Choi y colaboradores)

Se trata de un trabajo que ha abarcado más de 45.000 varones, por encima de los 40 años al comienzo del mismo, durante el cual se han tomado datos de la ingesta de café, té, bebidas de cola o chocolate por parte de los sujetos. De esta población de estudio se han diagnosticado 757 casos de gota, y al correlacionar los mismos con el consumo de estas bebidas se ha llegado a resultados sumamente interesantes. 

El riesgo de gota es 40% inferior en sujetos que consumían 4 ó 5 tazas de café al día, y un 59% inferior para los que tomaban 6 o más (por supuesto, estamos hablando del café -si puede llamarse así- que se toma en los EE.UU.). 

Lo más curioso es que no hay dependencias significativas ni del consumo de té, ni de la ingesta total de cafeína, lo que sugiere que es alguna sustancia diferente de esta última -por ejemplo el ácido clorogénico, un potente antioxidante presente en el café- la responsable del efecto (de hecho, hay un modesta correlación con el consumo de café descafeinado).

A la luz de estos potenciales efectos beneficiosos del café, cabe recordar la anécdota de la que Voltaire -tremendo consumidor de café- fue protagonista. Cuando le advirtieron de que el café era un veneno lento, afirmó: “Debe serlo realmente; hace más de cincuenta años que lo tomo, y aún no me he muerto“.

Pero, como todo en esta vida, hay sus pros y sus contras: el café, en elevadas dosis, descalcifica, de modo que habrá que hallar un equilibrio entre gusto, necesidad, propiedades y contraindicaciones.


Mitos sobre el Tomate

Uno de los alimentos a los que tradicionalmente se ha responsabilizado es el tomate, si bien es cierto que contiene muy pocas purinas, mientras que otros vegetales, como los espárragos, la coliflor y las espinacas, contienen cantidades muchísimo mas altas.

Al parecer el error viene de que el tomate, como otras hortalizas y verduras, es rico en ácido oxálico y otros ácidos orgánicos, que no tienen ninguna influencia sobre la gota, pero que pueden afectar a otro proceso diferente, como es la formación de cálculos de oxalato en el riñón. Pero una cosa son los oxalatos y otra los uratos y la litiasis renal en cada caso obedece a causas diferentes.

Por contra, el tomate en una auténtica estrella de la alimentación saludable es su enorme capacidad antioxidante. El tomate es de los alimentos que más antioxidantes contiene en un menor número de calorías. Es rico en todos los agentes que nos defienden de los temibles radicales libres de oxígenos: selenio, vitamina C, vitamina E y sobre todo carotenos y licopenos (más de 1,3 mg por 100g, una cantidad enorme de agentes antioxidantes). La vitamina E que es liposoluble se encuentra fundamentalmente en las pepitas.

Agente preventivo: este poder antioxidante hace del tomate un poderoso agente para la prevención de dos de los principales peligros para nuestra salud: el cáncer y la enfermedad cardiovascular. Estos datos están avalados por estudios muy rigurosos publicados en las principales revistas médicas internacionales.

Resumiendo: "el tomate NO aumenta el ácido úrico y puede consumirse si se tiene gota" (José Enrique Campillo, Catedrático de Fisilogía de la Universidad de Extremadura)


sábado, 12 de enero de 2013

El Veneno Silencioso: los verdaderos efectos del Azúcar

Absolutamente todos los sistemas corporales se ven afectados por la ingesta de azúcar que, en su forma refinada "blanquilla", ataca al cerebro, sistema endocrino, cardiovascular, inmunológico, e incluso a la piel, pues contribuye a la aparición de eccema.

También provoca retención de líquidos, formación de piedras en los riñones, problemas de hígado y, como culminación de todas estas "bondades", destroza el páncreas pues, como consecuencia del sobreesfuerzo a que es sometido para fabricar más y más insulina -con la que contrarrestar los elevados niveles de glucosa en sangre-, el desgaste que sufre es devastador. Y aún no hemos comentado nada de los efectos de este "veneno blanco" sobre la dentadura...

Pero sinteticemos el tema en 3 categorías:

1  - El Azúcar daña el Sistema Inmunológico

Fíjense cómo después de una fiesta de cumpleaños -o de una tarde al uso-, donde se consumen grandes cantidades de azúcar en forma de caramelos, helados o tarta, los niños suelen sentir malestar -al que se le suele llamar "empacho"-. Bien, lo que sucede es que el azúcar, transcurridas algunas horas desde su ingesta, suprime la respuesta inmunitaria, lo cual redunda en un daño terrible sobre, no solamente el propio sistema inmunológico, sino también sobre el resto de sistemas, órganos y vísceras.

¿Y cómo se produce este efecto? De dos maneras, a saber:

En primer lugar: sencillamente porque el azúcar impide que las células inmunes realicen su trabajo, al suprimir una función fundamental llamada fagocitosis. Los fagocitos son células que atrapan y engullen materias ajenas al organismo, tales como bacterias y patógenos, y que son "desactivadas" por efecto del azúcar -que llega a su punto álgido destructivo transcurridas 2 horas desde su ingesta (estudio de The American Society for Clinical Nutrition, Inc.1)

En segundo lugar: la insulina transporta transporta el azúcar hacia o desde las células, del mismo modo que lo hace con la Vitamina C. El problema aparece cuando existe un elevado nivel de azúcar del que hacerse cargo, momento en el cual el transporte de Vitamina C pasa a un segundo plano y, por tanto, no llega a las células (principalmente a los fagocitos a que hacíamos mención).

2 - El Azúcar destruye el Cerebro

Como suena, por duro que pueda parecer, pues este veneno contribuye a la aparición del Alzheimer, uno de los ejemplos más devastadores de enfermedad degenerativa en nuestra sociedad. Esto sucede porque el azúcar provoca la formación de los llamados "PGA" "productos de la glicación avanzada" (en inglés AGE por advanced glycation end products), que no son sino el resultado de la asociación de proteínas con moléculas de azúcar. Resulta obvio reseñar, primero, que cuanto mayor sea la cantidad de azúcar, mayor será la posibilidad de que las proteínas sucumban a este efecto y, segundo, que dada la prevalencia de las proteínas por todo el organismo, la glicación puede producirse en cualquier lugar del mismo.

Los PGA dañan los huesos y el cerebro.

Los PGA debilitan, cuando no destruyen, el colágeno -que es la sustancia que protege, flexibiliza y endurece huesos, tendones y ligamentos-. Pero el peor efecto de los PGA es, sin duda, promover a través de su acumulación la aparición del Alzheimer (de hecho, en autopsias de enfermos de este mal se ha detectado una enorme presencia de PGA, más que en tejidos cerebrales pertenecientes a fallecidos por cualquier otra razón o patología.

3 - El Azúcar desmineraliza los huesos

Efectivamente, arrastra elementos clave como el calcio, magnesio y cobre.

Debido a la enorme acidificación que provoca, acaba con el calcio y hace que lo excretemos a través de la orina, sin importar que seamos o no propensos a la formación de depósitos/piedras en los riñones, lo cual significa que todos estaremos expuestos a esa posibilidad.

La cosa no mejora con respecto al magnesio, fundamental para el mantenimiento y fijación, por ejemplo, del propio calcio: "los diuréticos osmóticos como el manitol -presente en chicles, caramelos y similares- y la glucosa provocan un aumento en la eliminación del magnesio" (estudio publicado en The Clinical Biochemist Reviews)

Pero cuando llegamos al cobre el panorama también es desolador. Este mineral mantiene dos aspectos fundamentales en nuestro organismo: construye hueso cuando se asocia a una enzima que desarrolla tejido óseo, y funciona como antioxidante cuando se asocia con la superoxido-dismutasa, previniendo los daños que puedan causar los radicales libres en nuestro cuerpo. Pues bien, el azúcar impide la absorción del cobre, efecto que se agudiza hasta extremos increíbles si le sumamos grasas -y muchos azúcares las contienen-.

Visto todo esto, la pregunta que surge es "¿por qué se permite la venta y consumo de este veneno?", a la que contestaremos con una sola palabra: "negocio".

El azúcar es un tremendo adictivo acomodado en nuestra sociedad, presente en todos los niveles de la programación alimentaria. Los propios padres fomentan en sus hijos la ingesta de sacarosa en cantidades brutales a través de "chuches" (una basura repleta, además de sacarosa, de todo tipo de aditivos, colorantes, emulgentes, saborizantes, conservantes y gelificantes), bollería industrial, pasta varias veces por semana, colas, cereales para desayuno (cargados también de azúcar y colorantes). De este modo lo que se consigue es que sus pequeños organismos (y también los de los adultos) desarrollen la necesidad de continuar consumiendo más y más azúcar, haciéndose dependientes de esta droga, destructiva, legal y barata.

domingo, 6 de enero de 2013

El Veneno Blanco

Artículo publicado en "El Confidencial"

La guerra del azúcar ha comenzado, al menos, en EEUU. El campo de batalla se divide entre las teorías conspirativas, el derecho y la crisis de los sistemas nacionales de salud. Todo ello espoleado por la relación entre el consumo de azúcar, la adicción y el aumento de peso que el endocrino Robert Lusting argumentó en una conferencia impartida en el centro de Medicina Integral de la Universidad de California. Las redes sociales fueron las que sacaron sus teorías de la academia, popularizando así el vídeo con la intervención de Lusting, titulado Azúcar, una verdad incómoda (apropiándose de la muletilla del famoso documental de Al Gore), que ha recibido en Youtube más de tres millones de visitas. Una expectación a la que seguro sacará rendimiento económico con los ingresos de su último ensayo publicado en EEUU el pasado 27 de diciembre: Fat Chance: Beating the Odds Against Sugar, Processed Food, Obesity, and Disease.

Los peligros para la salud que causa el azúcar justifican la implantación de una nueva legislación que regule su venta y las cantidades máximas permitidas como aditivo para edulcorar los productos alimenticios, del mismo modo que se hace con el alcohol o el tabaco”, concluía el artículo Public health: The toxic truth about sugar firmado en la revista científica Nature por Lusting junto a las investigadoras Laura Schmidt y Claire Brindis.

Este ultimátum se explica porque, según los autores del artículo, “la ubicuidad del azúcar en las dietas occidentales están generando una sociedad enferma, obesa y en bancarrota”, debido a los altos costes de sufragar la atención sanitaria a las personas con sobrepeso. “Las enfermedades derivadas de la obesidad están engullendo el presupuesto del sistema de salud a más velocidad de la que podemos imprimir los billetes”, sentencia elocuentemente en Fat Chance.

Las calorías “malas”

Lusting trata de demostrar ahora que no todas las calorías son iguales, ya que el metabolismo reaccionaría de diferente manera ante unas y otras. En el caso del azúcar, dice, sus calorías alteran el funcionamiento normal de nuestro organismo, provocándonos más hambre y cansancio y, por ende, nos vuelve sedentarios. Esto es porque dispara los niveles de insulina, la cual se nutre de las calorías y las almacena en el tejido graso, tal y como comenta en sus investigaciones. El azúcar puede disparar los niveles de insulina convirtiendo las calorías en grasa

El convencimiento de que no son las conductas alimenticias ni el sedentarismo las que nos hacen engordar, sino los desequilibrios hormonales y de los niveles de insulina, guía las tesis centrales defendidas por este endocrino norteamericano. De hecho, la receta estrella de la consulta de Lusting es un medicamento para corregir la segregación de insulina, con la que asegura que sus pacientes tienen menos apetito y más vitalidad. Él mismo se suele poner como ejemplo al asegurar que perdió 15 kilos en un período relativamente corto de tiempo reduciendo el azúcar de su dieta.

Una sustancia adictiva

El trabajo de Lusting parece más bien el de un divulgador, ya que se nutre principalmente de otras investigaciones sin aportar demasiadas novedades a la producción científica sobre los efectos del azúcar, más allá de su llamada de atención sobre sus perjuicios para la salud y de su demanda para que se regule esta sustancia. Así, su advertencia sobre la adicción que provoca ya se recoge en otras investigaciones previas, como la publicada en la revista Current Biology por un grupo de neurólogos de la Universidad de Michigan. En este estudio se concluye que el azúcar provoca la liberación de encefalina, una sustancia química natural que genera en el cerebro una sensación de placer similar a la de algunas sustancias estupefacientes, como el opio o la morfina, y que produce en el organismo una necesidad adictiva. Lusting asegura que perdió 15 kilos siguiendo una dieta con pocos edulcorantes

La obesidad y el sobrepeso se relacionan por tanto con una adicción más, al activar la misma parte del cerebro que activa el opio, en la que ciertos neurotransmisores juegan un papel muy importante asociado al consumo excesivo y descontrolado. Este estudio de la Universidad de Michigan que dirigió Alexandra DiFeliceantonio muestra que el cerebro tiene más sistemas de recompensa de los que se creía hasta ahora, los cuáles explican por qué las personas tienen la necesidad de consumir ciertos productos en exceso. Unas conclusiones que refuerza Lusting, quien apunta a los desequilibrios hormonales y neuronales como los causantes del comportamiento a la hora de comer, y no al revés.

La batalla legal por la prohibición

Toda esta literatura científica sobre los efectos del azúcar en la salud se está convirtiendo en la mejor herramienta del endocrino para emprender una batalla legal contra esta sustancia. Para ello se ha rodeado de un prestigioso grupo de abogados que ya comparan su salvadora cruzada para “evitar una crisis nacional de salud” con la lucha contra el tabaco iniciada en el país norteamericano a mediados del siglo pasado. Sin embargo, dice, el poder de la industria azucarera, que “está controlada en su 90% por tan solo diez conglomerados financieros”, hace que se defiendan sus intereses económicos por encima de lo que él llama una “crisis sanitaria”. El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, ya prohibió la venta de refrescos azucarados de más de medio litro.

Su esperanza es que las demandas y reclamaciones colectivas acaben haciendo presión pública para cambiar la legislación. Aunque es consciente que para ganar la batalla, debe hacerse hincapié en los costes que provoca al sistema de salud, al igual que ocurrió con las denuncias contra las tabacaleras. La concienciación de la sociedad es cada vez mayor, como demuestra la desconfianza de los consumidores hacia los productos que indican altas cantidades de azúcar en su lista de ingredientes. Prueba de ello es la iniciativa legal del alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, para prohibir la venta de refrescos azucarados de más de medio litro.

Pese a estos atrevimientos, Lusting se muestra pesimista, por lo menos a corto plazo. Su meta es que se incluya al azúcar en la lista de aditivos prohibidos, pero reconoce que los litigios contra la industria del tabaco no dieron sus primeros frutos hasta 40 años después de iniciarse, además de ver como una barrera la apatía de “unos jóvenes criados en la era de los alimentos procesados”. Lo que no se puede negar es que el debate sobre el azúcar está abierto y la guerra legal de los consumidores y bufetes de abogados norteamericanos no ha hecho más que empezar.

martes, 1 de enero de 2013

Alcohol y Medicamentos

Siempre se ha dicho que no debe consumirse alcohol cuando se esté medicado, sin importar el tipo de medicamento ni el problema que éste trate. Vamos a intentar sintetizar lo que hay de cierto en esta afirmación.


Al consumir alcohol, digamos en cantidades moderadas, estamos modificando la forma en que el hígado metaboliza y elimina los medicamentos. Si la metabolización disminuye -y no digamos ya si se detiene-, los efectos de esta química que nos estamos administrando aumentarán espectacularmente en cada caso, con independencia de nuestro sexo, condición física o circunstancia.
Curiosamente, si vamos un paso más allá y elevamos aun más la ingesta de alcohol, el proceso sufre otro cambio: la metabolización de los medicamentos, en lugar de disminuir, aumentará hasta tal punto que verán mermado -cuando no suprimido- su efecto.

Hay varios grupos de fármacos que no deberían -de ningún modo- mezclarse con la ingesta de alcohol, pues la interacción con los mismos es muy importante: se debe evitar el alcohol: antibióticos, antituberculosos, analgésicos, depresores del sistema nervioso central, inhibidores de la monoaminooxidasa, antihistamínicos e hipoglucemiantes orales.

Por ejemplo, la interacción del alcohol con algunos antiepilépticos puede tener importantes consecuencias, en ocasiones disminuye su eficacia y genera un mal control de la enfermedad. Pero no hay que olvidar que, por sí mismo, el etilismo agudo puede precipitar una crisis convulsiva en cualquier persona.

Los pacientes que consumen anticoagulantes orales deben evitar la bebida. El metabolismo de acenocumarol [más conocido como Sintrom] o de warfarina, dos ejemplos de anticoagulantes, puede disminuir y por tanto aumentar su efecto lo que puede derivar en la aparición de hemorragias. Sin embargo, la ingesta crónica de alcohol favorecería la ineficacia de estos tratamientos.


Antibioticos

Efectivamente, cuando se toma esporádicamente, el alcohol aumenta el metabolismo hepático de estos fármacos y disminuye su concentración en sangre, por lo que su presencia en el lugar donde debe de hacer efecto es menor y también lo es su eficacia. Esta falta o disminución de efecto se puede dar en macrólidos y quinolonas, que se usan para tratar infecciones de garganta, urinarias o respiratorias.

Por otro lado, con algunas cefalosporinas, antibióticos pertenecientes al grupo de beta-lactámicos, la ingesta de alcohol precipita la aparición de una serie de síntomas. Se conoce como efecto antabús o efecto tipo disulfirán y se trata de manifestaciones clínicas que pueden ser leves o graves, y que van desde rubor facial (cara colorada), náuseas, vómitos, ansiedad, hasta incluso taquicardia, hipotensión, insuficiencia respiratoria o encefalopatía.

El efecto antabús puede aparecer también con el uso de metronizadol (antibiótico anaerobicida y antiprotozoario), muy utilizado en las infecciones bucodentales o en óvulos vaginales para tratar ciertas infecciones.

El metabolismo de la isoniacida (tuberculostático) aumenta con la ingesta crónica de alcohol, disminuyendo su eficacia.


Antiinflamatorios, analgésicos y alcohol

Tanto los AINES o antiinflamatorios no esteroideos (por ejemplo, el ácido acetilsalicílico, ibuprofeno...) como los esteroideos (prednisona, etc.) sumados al alcohol son gastrolesivos, es decir, producen pequeñas lesiones en la mucosa gástrica que provocan epigastralgia (dolor de estómago), pirosis (sensación de quemazón a nivel retroesternal causada por el reflujo del contenido gástrico hacia el esófago) e incluso, en casos de ingestión crónica (de los antiinflamatorios), la aparición de úlceras y hemorragias digestivas (principal complicación de la úlcera gástrica o duodenal).

Con los analgésicos el principal problema se centra en el paracetamol. El alcohol aumenta la actividad enzimática del hígado y, en el caso del paracetamol, este incremento de su metabolismo se traduce en la aparición de un metabolito (una sustancia producto de la transformación que sufre el fármaco en el hígado). Curiosamente, este metabolito es un importante tóxico para el propio hígado.

El consumo de paracetamol debe realizarse de forma cuidadosa en todas las ocasiones, se recomienda no superar la ingesta de 4 g de paracetamol al día. Sin embargo, el consumo de alcohol puede provocar que la cantidad diaria de paracetamol necesaria para producir un problema de toxicidad hepática, resulte menor. 


Ultimas consideraciones

Como todos sabemos, el alcohol disminuye la actividad cerebral, lo que se traduce en una pérdida de reflejos, problemas en el habla, descoordinación de movimientos e incluso pérdida de la conciencia y coma. El alcohol potencia los efectos de todos aquellos fármacos que actúan a nivel cerebral, sobre todo de los que disminuyen la actividad neuronal, los que conocemos como sustancias depresoras del sistema nervioso central: benzodiacepinas (diazepam, bromazepam,...), barbitúricos (pentobarbital, tiopental...), analgésicos opiáceos (codeína, buprenorfina, morfina,...).

Lo que está claro es que, dependiendo de muchos factores y del grado de etilismo alcanzado, después de una ingesta elevada de alcohol habría que evitar la toma de fármacos que depriman el sistema nervioso central o aquellos que tengan un potencial efecto gastrolesivo, pues su efecto se verá aumentado extraordinariamente.
También, dado que la ingestión aguda de alcohol incrementa la hipoglucemia (disminución de los niveles de glucosa en sangre), habría que vigilar la ingesta de los fármacos utilizados para el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2, cuyos efectos devendrían  en una interacción particularmente importante, que hasta podría poner en peligro la vida del paciente. 

Terminamos con una pequeña lista de interacciones que, sin entrar en profundidades farmacológicas, nos puede dar una pequeña idea de los potenciales peligros a que nos enfrentamos al combinar dos bombas: química del medicamento y alcohol:

Paracetamol: Posible potenciación de la toxicidad hepática del paracetamol. Riesgo de hepatitis tóxica.
Aspirina (AAS): Riesgo de lesiones a nivel de la mucosa gástrica (efecto ulcerogenico).
Antiinflamatorios (Ibuprofeno, Fenilbutazona): Con Ibuprofeno existe riesgo de lesiones a nivel de la mucosa gástrica (efecto ulcerogenico), mientras que con Fenilbutazona se produce la potenciación de los efectos del alcohol.
Antihistaminicos (alergias): Posible alteración significativa de la funcion motora o mental, aunque la incidencia y gravedad de esta interaccion es muy variable.

Antidiabeticos orales (sulfonilureas como clorpropamida): "efecto Disulfiram" (vasodilatacion, disnea, nauseas, vómitos, sensación de pulsación en cabeza y nuca, taquicardia, sudoración y confusión mental)


Cefalosporinas (antibiótico): "efecto Disulfiram"
Penicilina G y Rifampicina (antibioticos): Disminución de la actividad farmacológica de la penicilina G y de la rifampicina respectivamente.
Otros antidiabéticos (Biguanidas): El alcohol potencia el efecto hipoglucemiante y la acidósis láctica asociada a las Biguanidas al inhibir la gluconeogénesis hepática y aumentar la respuesta a las celulas beta.
Antifungicos (hongos): Posible potenciación de la toxicidad
Anticoagulantes (cumarinas como Warfarina): Disminución de la actividad farmacológica de la warfarina.
Analgésicos opioides (Dextropropoxifeno): A dosis bajas de alcohol produce perdida de capacidad psíquica y de reflejos. Potenciación de los efectos depresores sobre el SNC. Puede producir la muerte por depresión respiratoria.
Benzodiazepinas (ansioliticos): Depresión del sistema nervioso central por adición de sus efectos a nivel central.
Antidepresivos tricíclicos: Depresión del sistema nervioso central. Riesgo de ileo paralitico.
Antiepilépticos: Combinado con Fenitoina puede producir toxicidad. Con Fenobarbital se potencia el efecto depresor sobre el SNC, disminución de la capacidad motora y de la conciencia.
Antagonistas del calcio (Nifedipina): Aumenta la concentración de Nifedipina en sangre y su toxicidad. 

A partir de aquí decidan ustedes lo que les conviene y lo que no necesitan...