martes, 25 de diciembre de 2012

Más mentiras sobre la leche

Siempre hemos oído decir que la leche era uno de los alimentos más completos que el Ser Humano podía consumir, hasta que voces críticas se han alzado por entre las barreras económicas y políticas, desvelando una larga serie de argumentos que prueban cómo nos han mentido -para variar- desde hace muchas décadas.

La Naturaleza desarrolla la leche de cada mamífero con unas características muy determinadas en función de las necesidades de cada animal. La leche de vaca, por ejemplo, contiene tres veces más proteína de la que un niño necesita, mientras que la humana posee una composición que nada tiene que ver con la animal -de ninguna especie-. Y sin embargo nos empeñamos en consumir leche más allá de la época del destete, procedente de especies ajenas a la nuestra.

Pero vamos con el tema.

En primer lugar hay que subrayar que una gran parte de la población -hasta el 75%- es intolerante a uno de los principales componentes de la leche: su azúcar natural, la Lactosa. De hecho, en los pueblos asiáticos este porcentaje llega hasta más del 90.

Por defecto, el Ser Humano adulto no produce Lactasa, la enzima encargada de procesar la lactosa, pero es que la intolerancia hace que la lactosa incluso perjudique a quien padece esta disfunción, haciendo que sufra de nauseas, reflujo, diarrea, aerofagia, dolor abdominal, etc...

A todo podemos añadir que también existe mucha gente que no puede procesar otro de los componentes de la leche: la Caseína, su proteína natural. Este problema se acrecienta por culpa de la famosa pasteurización, habida cuenta que este proceso de calentamiento hace que sea prácticamente imposible absorber la proteína, bloqueando la absorción de nutrientes en el organismo. Así mismo puede causar reacciones alérgicas.

Pero vamos llegando a uno de los puntos conflictivos: la leche no aporta calcio ni previene contra la pérdida del mismo (fuente: Feskanich D, Willett WC, Stampfer MJ, Colditz GA. Milk, dietary calcium, and bone fractures in women: a 12-year prospective study. American Journal of Public Health. 1997). La leche descalcifica.
Y alguien preguntará "¿cómo es posible que afirme tal cosa, cuando siempre se ha dicho que la leche era una importantísima fuente de calcio?". Muy sencillo.

En primer lugar hay que explicarle al público que el organismo apenas puede absorber una parte infinitesimal del calcio contenido en la leche. Esto es debido al proceso de pasteurización, que destruye la enzima encargada de evitar que el fósforo de la leche se asocie al calcio. Cuando esto sucede, nuestro cuerpo no puede absorber este último.

Y la cosa empeora, pues como la leche acidifica el ph del organismo, tal y como ya vimos en un artículo anterior, nuestro cuerpo contrarresta dicho efecto mediante la liberación de calcio -que es un neutralizador natural de los ácidos-, y lo hace extrayéndolo de nuestros huesos. O dicho de otro modo: cuando se consume leche perdemos calcio en lugar de ganarlo (informe Cumming and Klineberg)

Si tenemos en cuenta la afirmación anterior, que nos lleva a tener la certeza de que consumir leche es igual a reducir paulatinamente nuestra densidad ósea, comprenderemos por qué también el riesgo de sufrir fracturas aumenta -hasta en un 50%-, así como también lo hace la incidencia de osteoporosis (“Case-Control Study of Risk Factors for Hip Fractures in the Elderly”. American Journal of Epidemiology. Vol. 139, No. 5, 1994)


Existen reputados estudios que demuestran que países con un bajisimo nivel de consumo de leche, como los africanos o los asiáticos, reducen su incidencia de fracturas y osteoporosis (estudio avalado por la Doctora en Física Amy Lanou, Directora de Nutrición del Comité de Médicos por una Medicina Responsable, Washington, D.C.)

Por otra parte, sumando otro problema más a la lista, la leche homogeneizada podría provocar problemas cardíacos dado que este proceso digamos "desmenuza" la grasa, haciendo que acabe en suspensión. Desde hace mucho tiempo se sospecha que este tipo de leche, que es la más común de las que podemos encontrar en tienda, tiene cierta relación con la aterosclerosis -engrosamiento de las paredes arteriales-, debido a la existencia de una enzima que puede provocar daño tisular -que es como aparece la aterosclerosis-, así como iniciar los consiguiente problemas cardíacos.


Y vamos un paso más allá: la leche puede incrementar el riesgo de padecer cáncer. El colmo... (artículo “Monsanto’s Hormonal Milk Poses Serious Risks of Breast Cancer, Besides Other Cancers”, http://www.preventcancer.com/press/releases/july8_98.htm, June 21, 1998, publicado por el Doctor Samuel Epstein, Profesor de Medicina Medioambiental en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Illinois y miembro de la Coalición de Prevención contra el Cáncer)

De siempre nos ha parecido que la leche es el paradigma de los productos naturales. Sin embargo se trata de algo extraordinariamente procesado: se homogeneiza, pasteuriza y, por transferencia desde el animal, también se hormona y antibiotiza. Vamos, nada que ver con lo que los terneros maman de sus madres.

A la vaca se le administra, además de grandes cantidades de antibióticos, su correspondiente hormona rBGH, responsable del espectacular crecimiento del animal. El problema es que dicha hormona provoca en el consumidor de esa leche un aumento en la segregación del IGF-1, o sea, el Factor de Crecimiento Insulínico -también conocido como somatomedina C- el cual, a niveles elevados, está relacionado con algunos cánceres, tales como los de pecho y próstata, así como con el edema cerebral y las hipoglucemias severas. De hecho, el IGF-1 es uno de los productos alegales estrella entre ciertos culturistas -y otros deportistas en general-, pues aumenta espectacularmente el volumen muscular, así como la quema de grasa.


Otras patologías cuyo riesgo de incremento están asociadas con la leche son: alergias, constipado crónico, infecciones de oído, diabetes 1 y 2, sinusitis, acné, artritis reumatoide, cálculos renales, ictus, esclerosis múltiple...

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