jueves, 24 de noviembre de 2011

Por fin se dan cuenta...

Frente al cáncer, más pruebas no siempre es la mejor opción


Los programas de cribado diagnóstico se hacen en grupos de población sana

En muchos casos, los falsos positivos dan lugar a tratamientos innecesarios

El Mundo.es
Ángeles López

Madrid
 
Mamografías, PSA, escáneres... En la actualidad existen muchas pruebas que se utilizan antes, durante y después de la aparición de un cáncer. Sin embargo, aquellas que se emplean de forma sistemática en una población muy amplia para detectar precozmente un tumor llevan en el punto de mira décadas. Un comentario, que publica esta semana la revista 'Journal of the National Cancer Institute', hace una reflexión sobre la utilidad de este sistema de cribado, expone los pros y los contras que conllevan y señala el desconocimiento que, en relación a ellos, tiene la población sana.



A veces, en determinadas situaciones que superan nuestro entendimiento, delegamos en manos expertas determinadas decisiones que están directamente relacionadas con nuestras vidas. ¿Hacemos bien? ¿Saben los médicos lo que realmente nos conviene? ¿Sopesan el efecto que pueden causarnos algunos resultados? Según Michael Edward Stefanek, vicepresidente asociado de la oficina de investigación de la Universidad de Indiana (EEUU), es errónea esta actitud y considera que los pacientes deberían recibir más información sobre la eficacia que tienen estas pruebas a la hora de detectar un cáncer, como el de mama o el de próstata, sobre los falsos positivos que generan, y con ellos el estrés innecesario sobre el riesgo de cáncer, y con estos datos en la mano deberían ser los pacientes los que decidan por sí mismos si se realizan o no estas pruebas.

Para Stefanek, se deberían revisar los mensajes que los especialistas o las diferentes sociedades médicas envían a la población ya que, desde que apareciera la primera guía sobre detección sistemática del cáncer de mama mediante mamografía, hace unos 30 años, se opta simplemente por recomendar la realización de esta prueba a mujeres de cierta edad sin prestar especial atención a la información que se les ofrece sobre la evidencia científica relacionada con su eficacia para detectar un tumor.

Sin embargo, diferentes estudios muestran que "los riesgos y beneficios de un screening de cáncer de mama varían con la edad. Se necesitaría invitar a más de 1.900 mujeres de 40 a 49 años a someterse a esta prueba para prevenir una muerte a lo largo de 11 años de seguimiento, tiempo en el que se habrán producido 2.000 resultados falsos positivos [indicando que había un cáncer cuando no era así] y dos falsos negativos [cuando la prueba falla al detectar el tumor cuando lo hay], lo que originará un exceso de diagnósticos erróneos, junto con biopsias y terapias innecesarias".

Situaciones similares se dan con otros sistemas de cribado, como el del cáncer de próstata o el del pulmón. En relación al primero, una revisión de la Cochrane concluía recientemente que no existe suficiente evidencia para apoyar o refutar el actual método de cribado del cáncer de próstata, la prueba del PSA, ya que su empleo no disminuye el número de muertes por esta causa. En cuanto al screening del cáncer de pulmón, "los daños generados por su uso son enormes en comparación con los potenciales beneficios [...] Un resultado falso positivo puede conducir a la exposición innecesaria de radición emitida por los escáneres que se utilizan para realizar el seguimiento, a biopsias pulmonares e, incluso, a veces, a cirugía".

Stefanek afirma que en numerosas ocasiones los especialistas y los medios de comunicación ponen el énfasis de sus debates en quién y cuándo deben realizarse estas pruebas, más que en ofrecer una rigurosa y amplia información sobre los riesgos y los beneficios relacionados con cada una de estas pruebas de detección. "Hay una tendencia a enfatizar mucho más los beneficios que los daños. Las mujeres tienen tendencia a tolerar la posibilidad de un falso positivo, pero saben poco sobre el carcinoma in situ y la probabilidad de un sobrediagnóstico y un sobretratamiento", señala este experto.


Divulgar la información

Por este motivo, este especialista apunta hacia un plan de acción que se basaría en reforzar la educación, en lugar de la persuasión, dirigida al público en general, en involucrar a los pacientes en la toma de decisiones y en trabajar juntos, pacientes y médicos, en el desarrollo de herramientas educativas, al mismo tiempo que se mide su éxito en términos de número de personas informadas más que en número de personas que se someten a un screening. "También necesitamos un apoyo adicional en la investigación para identificar biomarcadores de pronóstico que nos permitan saber cuáles de las lesiones detectadas serán más peligrosas".

En definitiva, Stefanek apuesta más por una persona informada sobre la incidencia y mortalidad de un cáncer y sobre la eficacia, las ventajas y las desventajas de determinadas pruebas diagnósticas. Este experto considera que, con una buena educación, cualquier persona es capaz de tomar por sí misma, junto con la opinión de su médico, la decisión de si le compensa someterse a estas pruebas o no. Para Stefanek, ésta es mejor opción que la de establecer recomendaciones generales dirigidas a determinados grupos de población frente a los que se asume que son incapaces de decidir sobre su salud. Porque una perspectiva de salud pública puede fallar al no tener en cuenta los factores individuales que pueden jugar un gran papel en la toma de decisiones: factores como el historial médico de la persona y de su familia, la ansiedad que le genera el cáncer, y las diferencias individuales a la hora de aceptar cuánto riesgo es aceptable en función a determinadas conductas relacionadas con la salud.

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